Restaurante Sant Just – wow!


Yo diría que lo que más me gusta de vivir en Bogotá es tener la posibilidad de compartir con la familia de vez en cuando. Ver a María Paula (mi sobrina) con cierta frecuencia así Cata (Mi hermana) no viva tan cerca es maravilloso. Poder quedar un día para jugar con mis hermanos Alex y Nico es lo máximo, y que Rosita nos invite a comer es delicioso! Ya cuando mi otro hermano Dani viene, es toda una dicha.  (Si, somos muchos hermanos).

Cocinar para ellos también es lo mejor, además, cocinar para tíos, primos o la familia de Andrea y compartir con ellos también es fantástico! No lo hago muy seguido, pero vivir en Bogotá me da la posibilidad de hacerlo de vez en cuando, como dicen, una vez al año no hace daño 🙂

Dentro de estos beneficios familiares esporádicos que tiene el vivir en Bogotá, uno de los que más me gusta es poder almorzar de vez en cuando con mi papá. No importa el lugar ni el menú, encontrarnos en cualquier parte de la ciudad para un almuerzo y una charla es uno de los eventos de mayor expectativa, y siempre lo disfruto mucho.

Hemos ido a varios restaurantes; normalmente a almorzar el menú del día, y depende de las ocupaciones de cada uno, la duración del almuerzo es más larga o menos larga.

Hace poco mi papá me contó de un restaurante del que había leído que hacían un cordero que criaban de una manera especial y quería ir a probarlo. El restaurante está en el centro y me preguntó si quería ir con el, y como aquí no se le dice que no a nadie, pues a la siguiente semana estábamos en un bus camino al centro a conocer el lugar.

Tras una hora larga de camino (nos subimos en el bus equivocado y hubo que hacer trasbordo), nos encontramos en la Calle 16 con tercera en las puertas del Restaurante Sant Just Traiteur; un mini-restaurante con máximo 50 sillas (casi la mitad de ellas en la barra), con fila para entrar y repleto de extranjeros que pareciera que no vienen de turismo sino que viven en Bogotá.

Restaurante Sant Just Bogotá

Restaurante Sant Just Bogotá

Llegamos a la 1 de la tarde más o menos. Después de 20 minutos se desocuparon dos sitios de la barra principal, pero preferimos esperar un poco más para sentarnos adentro. Desde las puertas (mientras se hace fila), se ve la cocina, enana. Tres personas a trompicones se reparten los quehaceres culinarios y de limpieza mientras yo miro encantado. Creo que la cocina de mi casa es más grande, bueno, de pronto no tanto, pero si muy parecida.

Tras otros 10 minutos nos ofrecieron dos sitios en la barra de adentro que aceptamos encantados. Un sitio pequeño, agradable y acogedor. La carta tiene 8 platos. 8 platos, o-cho. No cuarenta y dos. De hecho creo que puedo escribirla toda en tres renglones:

Crema de ahuyama, Quiche de Salmón, Rilletes de Lapín, Ensalada de queso cabra, Lomo fino de cerdo en leche, Couscous, Salmón fresco al vapor con quinoa, Pierna de pato confitada. Perdón, la carta cabe en 1,5 renglones.

Pedimos de entrada los Rilletes de Lapin sin saber muy bien que era. Pues resulta que es una especie de paté de conejo. Es el conejo cocinado en su propia grasa, me imagino que más bien confitado (a baja temperatura). El plato en que venía el paté de conejo me dejó boquiabierto. Tenía tantas cosas, que vale la pena hacer lo que he denominado la “Anatomía del Plato”:

Restaurante Sant Just Bogota - Rilletes de Lapin

Restaurante Sant Just Bogota – Rilletes de Lapin

Tras una entrada repleta de sorpresas (creo que llamamos a la mesera a preguntarle por los ingredientes de la entrada como tres veces), llegaron los platos fuertes.

Yo pedí el Lomo fino de cerdo en leche. Viene servido con puré de papa criolla, verduras, cebolla echalote y champiñones. Muy rico, la cocción en leche le da un sabor especial y la salsa resultante revuelta con la salsa de las verduras y mezclada con el puré, está muy muy rica. Mención aparte para las verduras: perfectas.

Restaurante Sant Just Bogota - Lomo de cerdo en leche

Restaurante Sant Just Bogota – Lomo de cerdo en leche

Mi papá pidió el Pato confitado. (¡No había el Cordero que quería probar!) Servido igual que el lomo, pero en vez de la cebolla, unas rodajas de pepino cocinado. Al final nos dimos cuenta que el puré de papa se podía haber cambiado por la quinua orgánica, que era el acompañamiento del salmón, y mi papá hubiera preferido la quinua, pero fue demasioado tarde, ya sabemos para la próxima que los acompañamientos se pueden cambiar.

Restaurante Sant Just Bogota - Pato

Restaurante Sant Just Bogota – Pato

Bueno. No sé cómo explicarlo: ¿Pletórico?, ¿Exultante?, ¿Legendario?, ¿Formidable?, ¿Sensacional?, ¿Novelesco?, ¿Fetén?

Es que no sé cómo explicarlo, de verdad. Voy a decir que es único, o mejor, voy a llamarlo “el único”. A partir de ese momento, dejaron de existir los patos que me hubiera podido comer antes. Es único, y va a ser muy difícil de olvidar. Valió la pena cada uno de los  540 minutos de cocción que llevó hacer esa pierna de pato, si, estuvo cocinándose por 9 horas.

Y no hacía falta nada más, el Restaurante Sant Just ya me había regalado una muy buena experiencia gastronómica, sin embargo pedimos postre. Para compartir una Crème Brûlée de Café con coca machacada y ceniza, que dejó sin habla a mi papá. Le encantó. A mi también me pareció muy rica, solo que después del pato ya poca cosa podía sorprenderme. De reojo vi en otras mesas otros postres que tenían muy buena pinta.

Restaurante Sant Just Bogota - Creme Brulee

Restaurante Sant Just Bogota – Creme Brulee

Se me olvidó decir que nos recibieron con pan y una salsa de tomate con albahaca muy rica, que nos tomamos media botellita del vino que nos recomendaron y estaba correcto, y que la atención es buena, eso sí, no es un restaurante para ir de afán, lo mejor es ir con tiempo para disfrutarlo todo y no desesperar ni en la fila, ni en la traída de los platos ni en la traída de la cuenta; yo tuve que salir corriendo al terminar, lástima porque amerita terminar el amuerzo dando un paseíto por el centro, tuve que abandonar a mi papá en la mitad del parque de los periodistas 🙁 . La próxima lo planearé mejor!

Tengo entendido que Enric es el dueño, que trabaja como uno más en el restaurante, de mesero y preparando las bebidas y los postres, muy sonriente y amable.

No quiero terminar sin mencionar que venden productos de charcutería, elaborados en Boyacá por un compatriota de Enric, salchichón y jamón. Yo me compré un salchichón que nos repartimos entre los dos. En mi casa duró 2 noches: rico rico. Todavía no le he preguntado a mi papá que les pareció a ellos.

Restaurante Sant Just Charcutería

Restaurante Sant Just Charcutería

Pagamos (bueno, mi papá me invitó), $99.000, un precio más que justo para semejante entrada tan anatómica, el lomo de cerdo, el mejor pato de mi vida, el postre, el vino y 2 botellas de agua.

En conclusión, el Restaurante Sant Just es de mis preferidos a partir de ahora, menos mal no había cordero, con eso hay excusa para el retorno.

Restaurante Sant Just Traiteur – Bogotá

Calle 16A No. 2 – 73

Teléfono 4777555

Web: santjust.co

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